Catedral de Santa Ana

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura religiosa · Año: c. 1500 · Autores: Diego Nicolás Eduardo, Laureano Arroyo, José Luján Pérez, Fernando Navarro, Manuel Oraá

La sede de la Catedral es trasladada a Las Palmas en 1485 al finalizar la conquista de la isla, en una iniciativa del Obispo Juan de Frías. Inicialmente estaba en San Marcial del Rubicón, en Lanzarote. La Catedral de Canarias comienza a levantarse al final del siglo XV y en su construcción destaca la figura del arquitecto Juan de Palacios, que venía de Sevilla como todos los primeros canónigos del Cabildo Catedralicio. Teniendo en cuenta, además, que existía una orden de los Reyes Católicos en el sentido de que Las Palmas se hiciese lo mas parecido posible a Sevilla, no es de extrañar que la Catedral se enmarque dentro del estilo que fija la construcción de la catedral de Sevilla (gótico tardío).

Entre las principales características que distinguen al estilo sevillano están la de carecer de girola, es decir, tener cabecera plana, los arcos apuntados no son tan pronunciados sino que más bien parecen de medio punto, las ventanas decrecen, los tramos de bóveda son cuadrados en las naves laterales y en la central tienen una relación de 3 a 2, las ojivas son estrelladas y las bóvedas anexas al cimborrio están más enriquecidas, son reticuladas, es decir, forman una red de nervios; por último, el crucero o cimborrio es un prisma por fuera. No tiene grandes contrafuertes por fuera porque los muros son de carga y además las bóvedas son ligeras; están hechas de piedra pómez, traída de Tenerife. Tiene, no obstante, unos arbotantes que pasan por encima de las capillas.

Se paraliza la construcción de la catedral gótica durante todo el siglo XVII en la época de la crisis del azúcar y, sobre todo, porque la ciudad fue destruida totalmente por el ataque de Van der Does. Durante ese tiempo sólo se construye, en 1610, el Patio de los Naranjos, con su renacentista “Puerta del Aire” de acceso a la catedral, diseño de Lucero.

Sobre 1770 se reanuda la construcción; es la época de los obispos ilustrados: primero Venegas y más tarde Cervera. En lo económico existe, en la isla, un florecer de la economía de subsistencia y un creciente comercio con América. Se suscita una tremenda polémica con los arquitectos responsables de las obras, porque el arquitecto militar que hizo el plano original, Miguel de Hermosilla, ve rechazado su proyecto por el Cabildo Catedralicio. Se propone, entonces, que lo realice Diego Nicolás Eduardo, canónigo natural de La Laguna que se manifiesta como una figura de la arquitectura y se le considera el responsable del proyecto definitivo. Así, la catedral es por dentro gótica y por fuera de estilo neoclásico. Diego Nicolás deja acabado el cimborrio, el presbiterio, las salas capitulares y deja planificado el coro. Muere en 1798 y continúa la obra el escultor y arquitecto José Luján Pérez, que era discípulo suyo.

Nunca se acabó la iglesia parroquial del Sagrario y faltaba por terminar la fachada principal. En el siglo XIX intervienen, entre otros, Manuel de Oraá y, finalmente la acaba, ya en el siglo XX, Laureano Arroyo. El templete central es de Fernando Navarro. Hay dos torres circulares en fachada trasera con influencia de Gil Hontañón y Alonso Cano, arquitectos de la Catedral de Granada. En la fachada posterior que acabó Diego Nicolás Eduardo destaca el acabado circular de balaustradas con maceteros y pilastras adosadas.

“¡Esto es la obra de Santa Ana!”. Expresión popular que se emplea para indicar mucha demora y viene a cuenta del tiempo que tardó en construirse la Catedral. La obra comenzó en 1500 y aún está pendiente la iglesia del Sagrario.

28.1008, -15.415032