Capilla de Música de la Catedral
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1485
La Capilla de Música de la Catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria puede ser considerada una de las instituciones culturales más importantes que han existido en Canarias. Su intensa actividad durante 350 años nos ha legado un archivo musical fundamental para entender la historia y el desarrollo de la llamada “música seria” en nuestro archipiélago. Con sus más de 2.000 obras, este conjunto de documentos musicales puede ser considerado uno de los más importantes no sólo de España, sino de todo el mundo hispánico.
El Cabildo catedralicio desde el primer momento se propuso el establecimiento de una capilla musical que no sólo atendiera las necesidades litúrgicas, sino también realizara una labor de formación en las técnicas de canto y en el manejo de los instrumentos musicales. El primer maestro de mozos de coro fue el racionero Juan Ruiz y uno de sus primeros organistas Juan de Troya, hombre polémico y de dudosa moral que tuvo varios litigios con la Inquisición.
Durante la segunda mitad del siglo XVI, con un grupo de buenas voces de edad de entre siete y ocho años, junto a otro de ministriles (instrumentistas de viento), la capilla fue alcanzando cierto nivel de competencia. Bartolomé Cairasco de Figueroa, Ambrosio López, Luis de Morales o Gregorio Trujillo, todos canónigos con aptitudes musicales, fueron becados para salir fuera de la isla y formarse. A su vuelta trajeron consigo no sólo lo aprendido, sino también copias de partituras de los gustos musicales del momento. Es una pena que hoy no se conserve ningún documento de esa época, posiblemente a causa del terrible asalto y posterior incendio de la ciudad perpetrado en 1599 por el holandés Van der Does.
A partir del siglo XVII la capilla renace y comienza a incorporar las nuevas e incipientes técnicas exigidas por el Barroco. Inspirador de este cambio fue el organista sevillano Juan Bautista Pérez de Medina y algo más tarde, en 1631, el portugués Manuel de Tavares, artífice de implantar aquí los nuevos repertorios de música policorales que comenzaban a elaborarse en toda Europa.
En el tránsito del siglo XVII al XVIII la institución tuvo como maestro a Diego Durón (1653-1731), un polifonista y policoralista de primera fila que nos legó una larga producción de obras, entre las que destacan algunas de clara inspiración folclórica canaria (Cuatro tratanas de la plaza, El alcalde de Tejeda, Los muchachos de Canaria).
No menos importante es la aportación de su sucesor, el maestro valenciano Joaquín García (ca. 1710-1779), que realizó una magnífica labor musical muy ligada al estilo dieciochesco cargado de acentos italianos. García está considerado como una de las figuras más relevantes de la música barroca de España.
También hay que destacar a los músicos canarios Mateo Guerra (1735-1791), Antonio Oliva (ca. 1758-1793) o José Rodríguez Martín (1754-1814), todos formados en la capilla y algunos bajo la influencia de Francisco Torrens, músico malagueño llegado a Las Palmas en 1780 y verdadero introductor del clasicismo en estos lares.
La división del obispado de Canarias en 1819 mermó las rentas catedralicias de Las Palmas de forma evidente, lo que motivó una crisis que a la postre fue definitiva. La Capilla de Música de la Catedral de Las Palmas desapareció en 1828. A partir de ese momento la música culta iba a correr por otros derroteros: por un lado, por los salones de las casas particulares de ricos comerciantes; por otro, por los halls de las nuevas sociedades de recreo burguesas. Se cerraba una etapa; se abría otra.
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