Atalaya o Vigía de Anaga
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura militar · Año: S. XVI
Se sabe que desde 1559 ya funcionaba un puesto de vigilancia en Anaga con el fin de avistar la llegada de barcos extranjeros. Hay constancia de que fueron varios los puestos de observación que se situaron en diversas zonas de la isla desde los que se podía abarcar el mayor arco del horizonte posible, con el objeto de avisar, mediante un variado dispositivo de señales codificadas (humo, fuego, banderas, reflejos por espejos, etc.), de un posible ataque pirático o de una invasión.
La zona de Anaga, por su litoral recortado y deshabitado, siempre fue la preferida de embarcaciones dedicadas al pirateo y al pillaje de los barcos que transitaban por esas aguas cercanas al puerto de Santa Cruz. Es por esto y por la precaución de estar sobreaviso de presencia de flotas enemigas, por lo que las autoridades militares decidieron colocar en la zona puestos de observación y guardia.
Una de estas vigías o atalayas estuvo situada en la ladera norte que cierra el barranco de Igueste de San Andrés, situación privilegiada a la hora de controlar toda la franja de mar comprendida entre la punta de Anaga y y buena parte del sur de la isla. El atalayero tenía que encender un fuego a la hora de la oración y tantos más como barcos divisara en el horizonte, quedando prevenido el castillo de San Cristóbal. Este servicio se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX, cuando los riesgos de ataques e invasiones exteriores se fueron diluyendo. A partir de entonces, ya no eran los militares los que miraban a las laderas de Anaga, sino los comerciantes con intereses mercantiles que ahora se preocupaban de descifrar los códigos de señales que avisaban de qué tipo de embarcación comercial se acercaba al puerto.
En 1868, fue el Ayuntamiento quien se encargó de pagar al atalayero. El servicio de aviso no fue constante, ya que la Corporación no siempre tuvo presupuesto suficiente para mantenerlo. Pero con la entrada en funcionamiento del Semáforo de Igueste de San Andrés, cuyo servicio a cargo del Estado fue ya regular, la antigua Atalaya quedó sin función.
Hoy en día, a algo más de altura de donde se encuentra el Semáforo, permanecen los restos de una edificación de planta rectangular, construida en mampostería y abovedada que servía de alojamiento a los atalayeros allí destinados.
28.530021, -16.148098