Primer Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1745
El primer hospital civil con el que contó Santa Cruz de Tenerife fue fundado en 1745 por dos sacerdotes, los hermanos Ignacio y Rodrigo Logman, vicario de la ciudad y párroco de la Concepción respectivamente. El edificio estuvo ubicado en el lugar que hoy ocupa el actual MUNA (Museo de Naturaleza y Arqueología), al otro lado del barranco de Santos, enfrente a la iglesia de La Concepción.
La construcción de este primer recinto sanitario para la población civil de la ciudad comenzó de forma inminente gracias al aporte de dinero de varios ricos comerciantes residentes en el lugar, por lo que el hospital estaba ya funcionando de manera eficiente en 1753.
Se trataba de un pequeño recinto construido a la manera tradicional canaria con capacidad para alojar unas treinta camas destinadas no sólo a personas enfermas sino también, como era habitual esta clase de establecimientos benéficos, a ancianos sin recursos. El hospital contaba, además, con una capilla anexa de una sola nave que albergaba en su interior algunos lienzos de temática piadosa.
Este primer Hospital de los Desamparados comenzó su andadura albergando no solo a gente desfavorecida sino también a pacientes ilustres, tal fue el caso del teniente general Antonio Benavides, antiguo gobernador de La Florida, de Vera Cruz y de Yucatán, que buscó aquí, en este hospital de su tierra natal, descanso en sus últimos días que acabarían el 9 de enero de 1761.
Tras años de buen funcionamiento gracias a las sustanciosas rentas obtenidas por el tráfico comercial con América, el hospital pronto comenzó su decadencia. A finales del siglo XVIII, en un estado de casi abandono, se sustentaba por la caridad cristiana que a penas podía cubrir los gastos de unos pocos enfermos y ancianos allí alojados.
Ya en el siglo XIX, pasó a depender definitivamente del Ayuntamiento. El consistorio se planteó entonces su total reforma encargando al arquitecto municipal, en 1853, su transformación en un nuevo hospital acorde a los tiempos que el progreso decimonónico demandaba. El magnífico edificio de fachada neoclásica levantado entonces, con algún retoque, es el que hoy podemos contemplar.
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