Gran incendio

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1784

No es un hecho muy conocido en la historia de Santa Cruz el gran incendio ocurrido en la ciudad a finales del siglo XVIII. No había sido el primero, pero sí el más destructivo.

En Santa Cruz fueron frecuentes los incendios, como ocurre generalmente en los puertos donde abundan los almacenes de madera y las mercancías inflamables. El primero del que se tiene noticia fue el que destruyó la iglesia parroquial en 1652. A comienzos del siglo XVIII se multiplicaron los fuegos en la ciudad debido a que muchas de las edificaciones estaban construidas con un entresuelo de maderamen y tablazón de tea, además de contar con dependencias que almacenaban géneros que prendían con gran facilidad (madera, telas, aguardiente, aceite, resina, etc.). Hubo un primer intento de organización de un servicio de bomberos por parte de la Real Audiencia en 1741, pero no prosperó.

El 30 de diciembre de 1769 ardió una casa de un comerciante maltés que causó una gran alarma en la ciudad. Pero no fue comparable con el gran incendio ocurrido la noche del 28 de septiembre de 1784 en pleno corazón de Santa Cruz. Todo empezó en una sala baja de la casa del propietario Almeida, en la calle del Sol (hoy Doctor Allart), desde donde se propagó rápidamente de una manzana a otra hasta llegar a la orilla del mar, sin que nada ni nadie pudiera controlarlo. Tras el toque de alerta, al lugar acudió inmediatamente el comandante general del momento, marqués de Branciforte, quien se hallaba celebrando una fiesta en su casa. Horas más tarde llegó desde La Laguna el corregidor acompañado por una numerosa tropa. Nada se pudo hacer para frenar el desastre.

Ardieron en el siniestro 53 casas, "muchas de ellas magníficas". Se quemó la casa del beneficiado y se perdieron el libro corriente de bautismo y el de casamientos, que luego se volvieron a recomponer con ayuda de testigos. Ardió la casa de la administración de la Real Hacienda, pudiéndose evacuar los papeles y caudales. Toda la zona quedó reducida a un montón de escombros humeantes y solares de casas derribadas o en ruina aparente. No hubo que lamentar desgracias personales, pero sí unas pérdidas materiales valoradas en medio millón de pesos.

28.466368, -16.249072