"Teatrillo" de la casa de Serrano

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1809

En una edificación situada en la calle del Castillo conocida como casa de Serrano se celebraron entre 1809 y 1810 una serie de variados espectáculos artísticos y de entretenimiento, además de bailes de carnaval, que animaron la monótona vida social del Santa Cruz de aquel momento. El lugar fue popularmente conocido como "Teatrillo de la casa de Serrano".  
La parte baja de este inmueble no era más que un gran almacén que se habilitó con un pequeño escenario y algo más de una docena de candelabros para su iluminación. El espacio podía acoger a un centenar de espectadores ávidos a la hora de disfrutar de los diversos artistas peninsulares o extranjeros que arriban a la ciudad, generalmente de paso para América. Conocemos, al menos, la existencia de tres curiosos espectáculos que allí se celebraron en aquellas fechas:
El primero de ellos se llevó a cabo el domingo 12 de noviembre de 1809. Según Juan Primo de Guerra, que lo presenció, era: un teatro de un titiritero y jugador de manos español. La diversión se redujo a equilibrios y suerte de manos, según dijo el maestro, el cual, con una gorra de papel dorado y una chaqueta con relumbrones, bailó entre huevos sin romperlos. Dio vueltas a un aro, sin derramar los vasos de vino que puso en él. Trajo sobre la barba una espada de punta y después un ramo de candelillas encendidas. Aparentó la transmutación de unas monedas, que entregó envueltas en pañuelos y fingió recibir en la punta de una espada la bala de una pistola que se hizo disparar. Tenía música de violín y una guitarra y dieron la diversión de títeres o polichinelas. La entrada eran dos reales. Parece que valió la pena el espectáculo circense ejecutado aquella noche.
El segundo se produjo dos meses más tarde, el 28 de enero de 1810. En esta ocasión se presentó otro entretenimiento llevado a cabo esta vez por el italiano Vicente Bois, al parecer, mucho más refinado que el anterior. Hubo que pagar un tostón y por ese precio, en un escenario con cortinas rojas, el artista realizó pruebas hechas con naipes que se movían de un lado a otro sin aparente intervención de nadie, cartas de la baraja nombradas por la concurrencia que aparecían clavadas en una columna y otros prodigios de prestidigitación. El "show" terminó con el maestro tocando seis instrumentos a la vez (órgano, triángulo, bombo, castañuelas, trompa y una cítara) y entonando una canción patriótica contra los franceses, lo que provocó una efusiva ovación, ya que España se encontraba en ese momento invadida por las tropas de Napoleón en plena guerra de la Independencia.  
El tercer espectáculo llevado a cabo en la casa de Serrano lo realizó el mismo artista, Vicente Bois, un mes más tarde, el 23 de febrero de ese año de 1810. Esta vez fue una representación de marcado carácter terrorífico en el que se hizo apagar todas las luces y sobre un lienzo, en medio del teatro, aparecieron sucesivamente varias figuras, en las que solamente había iluminación y estaban pintadas de colores. Allí se vieron soberanos, damas, un esqueleto, cabezas y figuras de varios trajes. Aumentábanse las figuras o se disminuían, guardando siempre sus proporciones. Algunas eran de mascarones horrendos, y como todo estaba a oscuras, al aumentarse parecía que se acercaban a los circunstantes…
Lo que vieron en aquella tarde los espectadores de la casa de Serrano fue una representación de fantasmagoría, arte surgido durante el siglo XVIII consistente en la representación de figuras por medio ilusiones ópticas. Durante tiempo funcionó como un auténtico teatro de terror que, entre otras técnicas, usaba linternas mágicas portátiles para proyectar imágenes horrendas de esqueletos, demonios y fantasmas, aderezado todo con el uso de una decoración espeluznante, oscuridad total y presentación verbal auto-sugestiva con efectos de sonidos. Todo provocaba una gran conmoción entre los asistentes. Tenemos que darnos cuenta que durante el principio del siglo XIX hubo una obsesión por lo extraño y lo sobrenatural. Estamos en pleno Romanticismo, período caracterizado por la atracción de elementos irracionales que dieron auge, entre otras obras artísticas, a la novela gótica. El interés popular en tales temas explica el gran éxito de estos espectáculos.
 

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