Viaje y descripción de J. G. Milbert

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Literatura · Subcategoría: Fragmentos literarios · Año: 1800 · Autores: Jacques Géreard Milbert

Jacques Géreard Milbert (París, 1766 - París, 1840) fue un artista y naturalista francés que participó como dibujante en la expedición científica patrocinada por el gobierno de Napoleón en 1800 con destino a Australia. Comandada por el capitán Nicolas Baudin, en ella también se embarcaron Bory de Saint-Vincent, Louis C. D. de Freycinet y François Peron, todos científicos que, durante las casi dos semanas que hicieron escala en el puerto de Santa Cruz (del 1 al 13 de noviembre de 1800), dejaron por escrito variadas consideraciones sobre la ciudad, la isla y el resto del archipiélago. 
Milbert editó en París en 1812 Viaje Pintoresco a la Isla de Francia, Cabo de Buena Esperanza e Isla de Tenerife. En esta obra el autor, en los dos primeros capítulos, hace una descripción sobre su paso por Tenerife y su breve estancia en Santa Cruz. Son múltiples las referencias: molinos de viento, comercio de pescado salado, plantaciones de nopales y otros diversos aspectos. Su retrato de la realidad isleña no es precisamente amable. Escribe con crudeza sobre la pobreza generaliza que contempló y sobre el carácter de Santa Cruz como centro portuario que atrae comercio, pero también marginados sociales, mendigos y prostitutas que se ofrecen a los visitantes sin pudor; ahora, eso sí, todas conservando su religiosidad, con rosario en la mano, recitando plegarias y encaminándose a los templos.
Es muy interesante la descripción que el francés realizó de las viviendas de cierta prestancia que se encontró en aquella Santa Cruz de cambio del siglo XVIII al XIX: 
«La entrada principal se compone de un zaguán cubierto; en toda la planta baja reina una galería dividida por columnas que sostienen otra galería superior; en esta galería hay grandes cuartos y depósitos; en medio se encuentran uno o dos patios, muy amplios, y un estanque o aljibe para recibir las aguas pluviales»
Sobre los interiores, comenta:
«Las habitaciones de la planta baja se cierran con celosías, que las protegen del gran calor del día y mantienen una frescura agradable […] El interior de las habitaciones es de excesiva sencillez; las paredes están pintadas y no tapizadas. El mobiliario es poco refinado; se ven algunos grabados, espejos muy pequeños y bastantes cuadros malos que representan santos o milagros. El sofá, para uso de la dueña de la casa, es el mueble más elegante de todos los que adornan el salón. Finalmente, en un cuarto privado, hay un pequeño oratorio, normalmente decorado con flores naturales»
En cuanto al exterior, Milbert escribe: 
«En su mayoría, las casas están construidas con madera y enjalbegadas con cal; los habitantes tienen la costumbre de volverlas a blanquear de vez en cuando. Es imposible fijar los ojos en ellas cuando reflejan directamente los rayos del sol. El resplandor de esa blancura deslumbra y fatiga extraordinariamente la vista […] Las ventanas están bien guarnecidas de celosías […] Cada uno de los contramarcos se abre separadamente en su parte inferior […] Los tejados son de estilo italiano, cubiertos de tejas rojas en forma acanalada. Normalmente, la gente rica tiene en sus casas un mirador o belvedere, desde donde se divisa una amplia perspectiva»
El texto de Milbert, en definitiva, se trata de una detallada y cruda descripción de aquellas antiguas casonas, hoy en su mayoría desaparecidas, que en su momento se levantaron cerca del puerto y a lo largo de las principales calles y plazas de aquella ciudad de comienzos del siglo XIX.
 
 

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