Viaje de Jean-Baptiste Bory de Saint-Vincent

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Literatura · Subcategoría: Fragmentos literarios · Año: 1800 · Autores: Jean-Baptiste Geneviève Marcellin Bory de Saint-Vincent

Jean-Baptiste Geneviève Marcellin Bory de Saint-Vincent (Agen, 6 de julio de 1778- París, 22 de diciembre de 1846) fue un naturalista, geógrafo y oficial francés que participó en la expedición científica y militar de vuelta al mundo del capitán Nicolas Baudin a comienzos del siglo XIX.
Entre el 1 y el 13 de noviembre de 1800 esta expedición permaneció en Santa Cruz de Tenerife y Bory de Saint-Vincent aprovechó su estancia aquí para tomar apuntes que luego le servirían para la redacción de sus obras Ensayo sobre las Islas Afortunada...(1803) y Viaje a las cuatro islas principales de los mares de África… (1804), en las que como buen científico y hombre ilustrado que fue, dejó interesantes comentarios sobre lo que vio en aquel momento. 
Desde el punto de vista del naturalista destacamos, en primer lugar, su sorpresa al descubrir en sus excursiones por los barrancos de Valleseco, Bufadero y San Andrés, todos próximos Santa Cruz, que no eran tan áridos y abrasadores como le parecieron en un primer momento; por el contrario, allí fue
«Donde recolecté muestras de cardón, verodes y otras plantas que me eran desconocidas«»
En cuanto a sus comentarios sobre aspectos urbanísticos de Santa Cruz y su puerto, el francés nos dejó una pequeña estampa de como era la entrada a la ciudad, tres años después del ataque de Nelson.
«El muelle, sólidamente construido de piedras volcánicas negras, tiene su extremo redondeado y contiene siete piezas de artillería. Se desembarca por unas gradas muy incomodas […] donde hay que tener grandes precauciones, luego se camina por una especie de terrado [...] donde está situada la aduana. A la ciudad se entra por una puerta de madera«»
Otro de los aspectos más interesantes reseñados en sus escritos es la descripción de la sociedad que se encontró aquí, señalando con incredulidad lo siguiente:
«En estas calles y plazas  hemos encontrado muchos curas y frailes con hábitos, lo cual fue un espectáculo enteramente nuevo para nosotros. Así como muchos pobres desnudos o andrajosos, de una suciedad repugnante, que nos asediaban pidiéndonos dinero, y varias mujeres que nos abordaron diciéndonos todo tipo de injurias e insinuaciones, pero su miseria y suciedad no nos motivó acompañarlas…»
El joven Saint-Vincent, de 22 años en aquel momento, quedó impactado ante la tan diferente realidad del Santa Cruz de aquellos días y la Francia ilustrada de donde procedía. Aquí no encontró paseos donde elegantes damas salían a coquetear con apuestos caballeros. Nada tenía que ver su flamante república francesa, a punto de convertirse en imperio, con la sociedad isleña que se encontró en su escala. Todo este impacto quedó reflejado en sus escritos. 
A su regreso a Francia, Bory de Saint-Vincent continuó con su carrera militar como cartógrafo, viajando por toda Europa durante las guerras napoleónicas. Más tarde, tras el fracaso del emperador, la Restauración borbónica le obligó a exiliarse. En 1829 dirigió, ya repuesto en su cargo, una nueva expedición al Peloponeso, y entre 1840 y 1842 otra a Argelia. Murió en 1846 como miembro de la Academia de Ciencias y comandante de la Legión de Honor. 
No tenemos dudas de que Bory de Sant-Vincent, hombre erudito e interesado por la naturaleza de todo lo que le rodeaba, fue un válido paradigma del aquel movimiento cultural de la primera mitad del siglo XIX, crucial para poder comprender la cultura occidental moderna, denominado Romanticismo. 

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