Torre de Añazo

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1464-1467

La torre de Añazo podría tratarse de la primera construcción europea edificada en lo que luego sería la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. 
En 1464, treinta años antes de la fundación de la ciudad, Diego García de Herrera, marido de Inés Peraza, señora (a título nominal) de las Islas, recaló en la desembocadura del barranco del Bufadero con el propósito de tomar posesión de la isla ante los menceyes aborígenes, mediante un documento levantado por escribano público. Herrera lo que consigue con este acto, aparte de tener un papel que constate la propiedad sobre la isla, es procurarse la amistad de los aborígenes, a los cuales promete protección ante las correrías de los demás visitantes europeos, sobre todo portugueses. Ambas partes salían ganado, García de Herrera afirmaba su posesión de derecho por medio de aquellas ceremonias jurídicas que dejaban indiferentes a los indígenas, mientras que éstos tendrían algo de protección ante los sistemáticos saqueos que periódicamente venían padeciendo.
Después de este primer contacto, a Herrera se le permitió la fabricación de una torre en Añazo, la cual funcionó no sólo como base de vigilancia ante posibles ataques exteriores, sino también como posición de dominio sobre el propio terreno.
El lugar exacto de su establecimiento no está nada claro. Algunos historiadores han pensado que pudo estar ubicada en la orilla izquierda de la desembocadura del barranco de Tahodio, en las inmediaciones de donde hoy está el Muelle Norte, zona donde posiblemente corriera agua durante casi todo el año.   
La fortaleza debió de tener un aspecto muy similar a la Torre del Conde de La Gomera, aunque tal vez de proporciones más modestas. Su estructura medieval funcionaría como refugio ante ataques tanto provenientes del mar, como del interior de la isla.
La torre funcionó durante algunos años hasta que las relaciones con los aborígenes se deterioraron y éstos asaltaron el baluarte, obligando a los europeos a una retirada precipitada.
En 1477 los Reyes Católicos reconocieron y confirmaron los derechos de los Herrera y Peraza al señorío de las cuatro islas menores; pero tomaron para sí la conquista de las tres mayores, por lo que los señores de La Gomera ya no tenían nada que hacer en Añazo. Cuando en 1494 Alonso Fernández de Lugo desembarcó para empezar la conquista de realengo de Tenerife, la torre de Añazo era ya historia.

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