Plaza del Príncipe

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Plazas, calles y mercados · Año: 1860 · Autores: Manuel de Oraá

La plaza del Príncipe fue el segundo espacio verde construido en Santa Cruz después de la elaboración, a finales del siglo XVIII, de la Alameda de la Marina. Desde el momento de su construcción en 1860, la del Príncipe ha sido una plaza que ha contado con una clara identidad romántica propia de su época. Fue apreciada por propios y extraños, los unos por su agradable paseo y por ser punto de convergencia del esparcimiento burgués de toda una época, y los otros, por su bello entorno lleno de sosiego en medio de un centro urbano activo y pujante.
Está edificada sobre lo que fue la huerta del antiguo convento franciscano de San Pedro de Alcántara. Desde 1822, a raíz de la desamortización de los bienes eclesiásticos, se empezó a pensar desde el Ayuntamiento en la posibilidad de hacer en aquella huerta un paseo público, pero por entonces el proyecto estaba fuera de las posibilidades municipales. En 1838 la huerta salió a subasta pública, quedando en manos particulares, al no poder el Ayuntamiento llegar a la cifra de la subasta. Por fin, y tras largas negociaciones, el alcalde Bernabé Rodríguez Pastrana logró comprar el solar, tras recavar ayuda de las principales "fortunas" del lugar. La compra se hizo efectiva el 7 de diciembre de 1857. Dos días antes había atracado en el puerto de Santa Cruz la fragata de Guerra Berenguela, que trajo la noticia del nacimiento del Príncipe de Asturias (luego Alfonso XII), proponiéndose poner su nombre a la futura plaza a construir.
Los planos fueron redactados por el arquitecto municipal Manuel de Oraá, procediéndose de forma inmediata al desmonte del solar y a la nivelación de la parcela  que presentaba un destacado desnivel. Apenas conseguido este objetivo y tras darle un ligero aspecto de cuadrilátero, pero todavía con mucho trabajo por delante, se inauguró  el 29 de octubre de 1860.
Las obras de ornato y acondicionamiento se prolongaron durante años, pero desde el principio se trató de dar a la nueva plaza y a su entorno un empaque del que carecían otras zonas de la población y se acordó que las casas que se levantaran en sus inmediaciones fueran todas altas y sobradas.
Se enmarcaron los cuatro lados de la plaza con un asiento de sillería basáltica y encima de ellos se colocó, en 1863, un enverjado de hierro fundido. Al año siguiente se plantaron los magníficos laureles de indias que hoy observamos, traídos de Cuba. En 1867 se colocaron los 14 jarrones de mármol de Carrara y las dos estatuas alegóricas de la Primavera y el Verano que adornan la entrada principal, todo llegado desde Génova. Se encargó, además, una fuente ornamental de hierro colado que, traída desde Londres, fue situada en el centro de la plaza en 1870, permaneciendo ahí hasta 1929, cuando fue sustituida por el quiosco de música que hoy vemos. De la fuente de hierro sólo se conserva su taza principal, ubicada hoy en un estanque lateral del recinto. En 1873 llegaron desde París los primeros bancos para el descanso. 
Desde ese momento, el lugar ha quedado como un verdadero oasis de paz y tranquilidad en medio del ajetreo urbano que la circunda. A pesar de haber sido objeto de reformas y retoques a lo largo de toda su historia, la plaza del Príncipe mantiene intacto su aspecto de lugar decimonónico de espíritu romántico.

28.468333, -16.250351